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El opuesto de la flor
Bruno Darío
Taller Ditoria,
México, 2016. 

Por Genaro Ruiz de Chávez O.
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No. 98 / Abril 2017





En una breve nota al final del libro El opuesto de la flor (Taller Ditoria, 2016), Bruno Darío barajea y suelta una pregunta a quemarropa: ¿Qué es lo orgánico? Aventuro una respuesta a partir de su texto: Imagen, o reflejo de ella. Es el anverso de los signos destrozados que constituyen el cuerpo de la poesía, de alguna poesía. Aquí, sabemos que no siempre es así, lo orgánico es una flor que se abre en cristales. Orgánica acumulación de cuerpos fantasmagóricos palabras— que posibilitan este florecimiento.

El lector de El opuesto de la flor se encuentra frente a una serie de imágenes precisas como esquirlas de vidrio roto. Éstas parecen desfilar sobre una pasarela de cuchillos, bajo un sol empañado y con la única intención de animar la mirada interior. En este poema compuesto por astillas y un epitafio, seguimos una voz que semeja un cubo de hielo derritiéndose en un vaso old fashion, voz que pierde cuerpo y gana transparencia conforme avanzan las páginas. Voz adelgazada que se encuentra doblemente expuesta a esa luz crepuscular que parece iluminar los textos de Bruno Darío (Cuernavaca, 1993), y a la consciencia de ser un “yo vidente” entumecido tras recibir de lleno estas imágenes.

No obstante, este es un andar cauteloso que toca sin romper, porque Bruno es un espléndido bailarín de vidrierías, y lo que antes se anunciaba como herida y estruendo producido por la violencia de las imágenes, realmente es una propuesta de riesgo bien medida: baile delicado, acompasado por una suerte de cool jazz, que culmina en espuma y respiración.

En El opuesto de la flor podemos apreciar una clara continuidad con el poema Baile en la vidriería (Obra Negra Ediciones, 2015). Ambos trabajos de Bruno Darío cubren su cuota al espíritu “prufrockiano”, con sus tardes de cielos eterizados y la exploración de la intimidad metafísica de los objetos; cómo los aquilata y vuelve palabras que poco a poco perfilan un imaginario independiente en constante expansión.

En cuanto al libro como objeto —dimensión a la que Darío le presta particular atención—, podemos decir que El opuesto de la flor es otro trabajo notable de la prensa plana “Toñita” de la casa editorial Taller Ditoria. Está acompañado por un boceto de Roberto Rébora, e impreso con un juego de tintas rojas que parecen brotar de la herida producida por su lectura. Aquí parecería que la poesía entra por los ojos para delinear un carámbano helado, inorgánico, pero vivo.

La nube adquiere forma de noche
Camino descalzo por tus mejillas
Detrás de la sonrisa
entre la pasarela de cuchillos
se alza un sol adormecido
La luna llena es el punto ciego del cielo

***

No pertenezco a las palabras

El barco respira hondo
al abrir la puerta del mar

Frío           no me duelas
pues traigo un escote  
desde el pecho hasta los huesos

***

Ya se cae de boca la tarde sobre la mía

No hay vuelta atrás
es un ejército de horas

Encienden las calles a mi paso
se clava en mí
una soga de luz
se clava en mí
la violencia de la imagen.